A Practical Look at the First Week

12 de marzo de 2025 Por Eduardo Aguilar Sanchez

Cuando decidí montar un pequeño obrador en casa, sabía que las primeras semanas iban a ser de prueba y error. Lo que no esperaba era que la lección más valiosa llegara el día tres, con una tabla de chocolate al 70% que se negaba a templar.

El problema no era la receta ni el cacao — un grano de Piura con notas a plátano maduro y un final ligeramente ácido. El problema era la temperatura ambiente. Mi cocina, con la calefacción puesta, rondaba los 24 grados, y el chocolate simplemente no alcanzaba el punto de cristalización estable. Bajé la calefacción, abrí la ventana y esperé. Veinte minutos después, el mismo lote templó sin esfuerzo.

Esa experiencia me llevó a registrar cada variable durante la primera semana: temperatura de la habitación, humedad, tiempo de molienda, incluso la marca de la espátula. Los resultados no fueron espectaculares, pero sí reveladores. El cacao de Chuao que había comprado en una feria local necesitaba dos grados menos de temperatura de templado que el de Madagascar. La manteca de cacao de un proveedor se comportaba distinto a la de otro, aunque ambos decían ser de la misma calidad.

Lo más práctico que aprendí fue a no confiar en los tiempos que aparecen en los libros. Cada lote tiene su propio ritmo, y la única forma de conocerlo es anotar, probar y ajustar. Al final de la semana, tenía una libreta llena de números y tres tabletas que valían la pena compartir. No era mucho, pero era un comienzo honesto.

Si estás empezando con el temple artesanal, mi consejo es simple: empezá por un solo origen, controlá la temperatura ambiente y llevá un registro de todo. El chocolate te va a dar señales claras — brillo, textura, sonido al romper — solo hay que prestar atención.

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